Seguidores

sábado, 25 de marzo de 2017

LUNA, MADRES Y MATRIARCADO - 3

                                                           Dali. Tete Raphaelesque eclaté

Retomando el último párrafo: la tierra madre representa una imagen del poder de la naturaleza para mantenerse y perpetuarse a sí misma.  A la triada, Demeter, Artemis y Hécate se las pinta en el mito como diosas de la concepción y el nacimiento porque representan  el principio instintivo que crea los recipientes necesarios  para la continuidad de la vida física en el mundo y les infunde vida.
La imagen que para esto tiene el Antiguo Testamento es Eva, cuyo nombre en hebreo  me parece recordar  significa “vida”.  Cuando somos bebés no disponemos de un ego, este se despliega a medida que maduramos y la luna preside su desarrollo.  La primera experiencia  de un niño es la del cuerpo, porque en las primeras semanas de vida no hay más que sensaciones y necesidades corporales: tiene hambre, necesita dormir, que se lo tenga en brazos, que se lo toque; es decir, necesita seguridad.  Si estas necesidades instintivas básicas resultan satisfechas, estará contento y sentirá que la vida es un lugar seguro.  Ser capaz de expresar la luna significa ser capaz de experimentar y experimentar las necesidades y los apetitos de supervivencia del cuerpo, sin tener que justificarlos mediante la capacidad de razonamiento o la autoconciencia del ego solar. Por tanto, cuando se considera el principio psicológico simbolizado por la luna lo primero es tener en cuenta nuestra necesidad básica de seguridad y supervivencia. 
Si dichas necesidades básicas no están lo suficientemente satisfechas, el resultado será la angustia, un estado que todos experimentamos en algún momento de la vida, pero que para algunas personas se tratará de una aflicción continua, el sentimiento que la vida exterior  no resultará segura.   Para algunas personas lo que desencadena la angustia es la amenaza del rechazo o del abandono, para otras se tratará de un cambio de ambiente o la amenaza de verse desarraigadas del trabajo o del hogar.
El pensamiento mágico resulta de lo más primitivo, del estrato arcaico del pensamiento adulto y por supuesto del instintivo y lunar pensamiento infantil. Por supuesto  dicho objeto no proporciona suerte sino que le hemos proporcionado un valor simbólico  y se ha convertido en  la primitiva deidad lunar alienada de la conciencia lunar y reducida a expresarse a través del cualquier objeto de lo más sorprendente: desde una barra de chocolate hasta un rosario, por exponer ejemplos distantes.
Para algunos las demás personas constituyen un alimento lunar llámense amante, pareja, hijos, nietos o incluso cualquier círculo social  o grupo profesional o ideológico. Algunos disfrutamos simplemente de la compañía de amigos o familia mientras que otros dependen compulsivamente de ellos y reaccionan con gran angustia ante cualquier amenaza de expulsión del grupo o ante cualquier cambio de papeles en la familia.  Existen seres que inconscientemente y desde su terror lunar torturan de manera emocional a cualquier miembro de su familia que amenace con seguir una senda individual.  A esto los  más “temerosos” lo pueden llamar “amor” o “preocupación” por el otro, pero en ocasiones su “hambre lunar”  se muestra totalmente despiadada y destructiva.
En otros casos familias enteras pueden sufrir una carencia de conexión o sentimiento lunar entre sus miembros,  y como todos ineludiblemente,  comenzamos copiando  el patrón de sus padres aunque  muchos acabemos  reaccionando de forma completamente opuesta por muy distintos motivos.
En la anterior entrada se trató sobre el aspecto de la luna en relación al arquetipo de la diosa DEMETER, a continuación le dedicaremos atención al aspecto lunar representado por ……..
 ARTEMIS.  Sus raíces se remontan mucho más allá de la núbil cazadora vestida de gimnasta conocida como la Señora de las Bestias.  Las primeras imágenes de ella provienen de Çatal Hüyük de la Anatolia Central donde se desenterró una estatua de arcilla de siete mil años de antigüedad que representa una mujer sumamente gorda dando a luz, flanqueada a ambos lados por leones.  Estos leones son sus emblemas más antiguos.  A lo largo de los siglos evolucionó hasta ser conocida  como CIBELES: “la Madre de Todo” y se la representó de pie en un carro tirado por leones.  El centro de su culto se encontraba en  Éfeso,  sudoeste de Turquía, en cuyo museo local se puede admirar una bellísima estatua de mármol de la diosa, que data del último período romano, rodeada una vez más por leones y ropaje adornado por otras bestias.  A dicha imagen de mármol le recorren  hileras de lo que podrían ser pechos, huevos o incluso testículos desde los hombros hasta el abdomen y en el cuello lleva grabado el zodíaco: la gran rueda escrita en los cielos.  Esta Cibeles se encontraba unida a un joven hijo y amante: Atis, quien se autocastró para mantenerse fiel a ella.  Además de diosa de la fertilidad, esta antiquísima deidad lunar es una imagen del sombrío corazón de la naturaleza salvaje aunque bajo esta forma no resulte demasiado agradable.

                                                                 Dali. Galatea y las esferas
 Cabe preguntarse de qué trata esta dimensión de la luna, LUNA LLENA en este caso, que es cuando su luz resulta más poderosa. También representa la más peligrosa del matriarcado, porque el portador de la semilla no tiene rostro y resulta  prescindible, por ello se le hace objeto de un asesinato ritual para fertilizar la tierra y asegurar la continuidad de las cosechas, de la familia o del grupo.  En este caso Artemis parece encarnar el rostro salvaje e indómito de los instintos.  En esta diosa hay algo de extático y tempestuoso asimilado a las leonas que son bestias lunares puesto que en su caso es la hembra quien en realidad hace todo el trabajo.  Sale a cazar mientras el macho  queda acicalándose y luciendo su majestuoso aspecto a la espera que le traigan  la cena.  La leona es una matriarca y sus parejas son esencialmente “niños de mamá” por más que muchos se nieguen a admitirlo.   Este aspecto lunar también representa el estado que  aparece cuando nos embriagamos o cuando perdemos el control sobre la conciencia solar.  Uno puede tener un atisbo de Artemis en su propio salvajismo emocional si sus necesidades instintivas se ven violadas  o amenazadas.  Existen mujeres que expresan  este arcaico sentimiento matriarcal al exclamar que su pareja no resulta peor que cualquier otra pareja porque “de noche todos los gatos son pardos”, que el matrimonio no es cuestión de felicidad porque lo verdaderamente importante es la familia lo cual a su vez justificaría cualquier tipo y cantidad de martirio o destrucción.  (La imagen  de la gran  “MAMMA” italiana asalta mi mente)
En el mito las amazonas que adoraban a Artemis, se emparejaban ritualmente una vez al año con hombres cuyos nombres no conocían y cuyo rostro jamás veían con el fin de quedarse embarazadas; a los varones fruto de dichas uniones los mataban y a las niñas las criaban como miembros de la tribu.  En este caso lo que prima  es el poder de la gestación, del nacimiento  y la crianza, es decir el estado natural de la mayoría de las mujeres durante el embarazo, lo cual a su vez representa un poderosa protección para el recién nacido.  En el reino animal resulta frecuente que las hembras tengan que proteger a sus crías del macho, el cual en ocasiones puede llegar a comerse a su propia descendencia. 
Por tanto conviene considerar tanto las dimensiones positivas como negativas de esta conciencia matriarcal que protege y preserva la vida al igual que la puede destruir de forma despiadada. ( De nuevo me asalta otra imagen, la de   “La mano que mece la cuna”). No conviene olvidar que TODOS LOS SERES NOS ENCONTRAMOS BAJO EL INFLUJO LUNAR y que las culturas primigenias le atribuyeron los patrones más primitivos mediante arquetipos en forma de divinidades. A continuación todo fue “coser y cantar”: copiar y repetir, repetir y copiar generación tras generación convirtiendo dichos patrones en certeros actos de fe que perduran hasta nuestros días en las culturas más primitivas, más instintivas, más lunares. 
La figura de HERA, la diosa griega que presidía la vida familiar nos ofrece una visión más amplia  y elaborada sobre la naturaleza de la luna.  Ella como contrapartida a Artemisa, encarna la estabilidad,  la santidad del matrimonio y de la unidad familiar. Bajo esta máscara el aspecto lunar dicta  leyes y estructuras  para la protección de la especie y para el funcionamiento eficiente de la sociedad.  Instiga todo lo que nos resuene como: “Este es mi nombre, esta es mi familia, estos son mis hijos, este es mi trozo de tierra, este es mi país y aquí es donde pertenezco.”  Se trata de todo aquello que nos proporciona una identidad colectiva y un sentimiento de seguridad dentro del grupo.  Así encontraremos muchas personas que  sientan una necesidad sumamente poderosa de identificarse con sus raíces históricas y se angustien mucho si se ven arrancados de su lugar de origen. Preferirían arriesgarse al dolor  e incluso  la muerte antes que tener que mudarse a alguna otra parte. 
Por semejante razón no podemos entender  por qué tanta gente insiste en seguir viviendo en las laderas de volcanes en actividad sabiendo con certeza que periódicamente se darán   erupciones destructivas aunque aduzcan que la única razón para ello es la fertilidad de sus tierras. Por la misma razón, muchas personas mantienen un matrimonio lamentable o se aferran a familias destructivas.  El terror de hallarse solo, de vagar sin rumbo por el mundo les parece peor que el sufrimiento y la claustrofobia de su situación.  La luna no puede soportar el aislamiento y es frecuente que se aferre a un “daimon” (demonio) familiar conocido con tal de no ir en pos de algún desconocido ángel independiente.   Este es el ámbito de HERA, desde lo más profundo anteponiendo el valor de las raíces y de la tradición a la realización de una vida individual.
Por tanto, para alguien con una conciencia solar  ampliamente desarrollada, con cierta individualidad, puede resultar terriblemente solitario el hecho de ser la pareja tanto de una persona matriarcal (sea hombre o mujer) porque su valor individual se verá continuamente socavado y demolido.   Tampoco  resulta agradable ser un niño  en este idealizado tipo de mundo matriarcal, porque que el trasfondo mítico del matriarcado es el de la diosa partogenética que se autofertiliza, ello implicaría   que   el niño  divino habría de ser engendrado por arte de magia y que estaría destinado a ser el redentor heroico la madre. Una expectativa demasiado amplia para que un niño pueda estar a su altura y que conducirá a diversas dificultades emocionales en la edad adulta.

                Max Ernst (1891-1976)  La Virgen castigando al Niño Jesús ante tres testigos. Una imagen que en su momento resultó escandalosa por distinto motivo que lo sería en el presente, puesto que en la actualidad  lo sería tachada de maltrato infantil

Muchas pueden ser las razones por las que una mujer pueda caer en este tipo de identificación arcaica a expensas de otras facetas igualmente importantes de su personalidad.  En general hay que  buscar las causas en sus propios antecedentes familiares. Si de niña ha sufrido una carencia emocional grave y como consecuencia de ello se encuentra llena de angustia y desazón, puede buscar su alimento emocional identificándose inconscientemente con la diosa lunar arquetípica.  Si nos sentimos privados de algo, los humanos intentamos encontrarlo de dos maneras características: esperando que otra persona nos lo dé o bien convirtiéndonos  en una versión exagerada de eso mismo que necesitamos.  Con frecuencia en estas mujeres se da una gran cólera hacia los hombres puesto que cuando se sintieron  inadecuadas quizás intentaran  tomar prestado el poder del arquetipo para compensar lo que vivieron como una carencia personal.  El problema radica en que el poder arquetípico resulta un fraude porque NUNCA  es propio o innato, sino adquirido inconscientemente mediante cultura.  Si no nos hemos esforzado por procesar estas energías a través de la lente de nuestra propia individualidad, (y aquí el concepto del arquetipo solar brotará con todo su potencial) los arquetipos lunares se apoderaran de nosotros antes de haber alcanzado la plenitud física y psicológica y abdicaremos de toda posibilidad de elección y de todo sentimiento de responsabilidad personal.  De ahí que una mujer, al igual que cualquier varón, que  inconscientemente se identifique  con la diosa lunar pueda ser, sin percatarse, profundamente voraz y destructiv@.
HECATE es la deidad lunar oscura que preside la hechicería y el encantamiento.   Su representación a más humanizada en la cultura griega podría ser Circe, convirtiendo en cerdos a los compañeros de Ulises, porque exige  pleno respeto  hacia su poderío  lunar ofendido.
Esto se traduciría en los siguientes términos:  puesto que la naturaleza puede ser caprichosa ( y aquí entraría el actual concepto de aleatoriedad, es decir de desconocimiento causa-efecto de la circunstancia que sea), cuando nos desconectamos demasiado de dicha naturaleza o nos mostramos arrogantes ante ella,  nos  puede arrastrar hacia un comportamiento cerril o estúpido para enseñarnos que, en última instancia, somos mortales. (El Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, si bien en este caso el hechicero se trate de varón.)
En la narración el hecho de vernos reducidos a nuestra naturaleza corporal implica que  hemos renunciado a cierto heroico ascenso  de la conciencia adjudicada al sol y del cual me ocuparé más adelante. 
Cuando hablamos de la luna, inevitablemente pensamos en el género femenino,  y ello evidentemente resulta lógico y veraz pero NO CONVIENE OLVIDAR QUE  TODOS LOS HABITANTES de este  planeta nos encontramos sometidos  a las influencias  de ambos luminares por el hecho de disponer de un cuerpo físico compuesto por fluidos diversos.  (“Be wáter my friend”)
Tampoco conviene olvidar que debemos nuestro actual conocimiento científico a todos los mitos y a través de ellos a tantísimos aciertos y errores cometidos por nuestra especie a lo largo de la historia. Tampoco conviene olvidar que el ácido desoxiribonucléico  de nuestro ADN se puede alterar mediante nuestro pensamiento, actitudes, hábitos y comportamiento a lo largo de generaciones y por tanto  somos tan responsables de los  seres del futuro como “consecuencias” del pensamiento de todos nuestros antecesores.
Aprovechando que disponemos de tantas herramientas de conocimiento a través de la sangre, el sudor, el dolor y las lágrimas de nuestros ancestros tenemos conocimiento de la posibilidad que un meteorito se estrelle contra nuestro planeta, parece que se está trabajando sobre la manera de desviar dicho infortunio que implicaría la extinción de las presentes especies tras no poco sufrimiento y la aparición de otras distintas. ¿Y si dicho meteorito se estrellara contra nuestro satélite? Por  supuesto que el infortunio se desencadenaría igualmente sobre este planeta por motivos que huelga enumerar pero suponiendo que cierto número de especies se pudieran adaptar a las nuevas circunstancias del planeta ¿de qué manera afectaría dicha adaptación a los instintos básicos adjudicados al efecto lunar sobre la tierra?
Escribir sobre el sol, (quien no reconoce la rima infantil: "Sal solecito, calientame un poquito, por hoy, por mañana y por toda la semana") sobre la luz, me resultará mucho más placentero porque todo parecerá bastante más clarito. “Hágase la luz” (¿luciferina?. La contradicción está servida desde el principio de los tiempos y al cuerpo más físicamente frágil le tocaría cargar con el  oscuro sambenito lunar) La luna no emite luz, tan solo la refleja y por ello nos envuelve y moviliza nuestros fluidos  bajo su manto de misterio. No lo olvidemos. Descorrer este manto, o simplemente “meteorizar la luna” supondría iluminar aspectos tenebrosos de nuestro organismo vital ¿Podemos imaginar la razón por la cual no conviene o simplemente resulta temido semejante “alumbramiento”, y quienes  lo temerán en mayor medida?
Quienes se niegan asumir sus cadenas bajo subterfugios de lo más mundanamente pueriles,  serán sepultados por las mismas. Absortos, cadenas incluidas, mientras deambulan arrastrándolas con cierta  satisfacción  por la superficie de su existencia.  
Como mujer cuyo papel  la aleatoriedad universal me tocó representar en la presente pinza espacio temporal y analizado profundamente todo lo expuesto solo me queda concluir afirmando que al principio de la vida todas  las criaturas poseen instintos “solares”. (genética  aparte). Que la “mitad” de ellos, llámese sexo femenino o cualquier colectivo que  resulte relegado  por poseer características no acordes con el concepto puntual de la dominancia predominante, será relegado. Por tanto todo colectivo que se sienta injustamente tratado  inevitablemente sentirá  que debe desarrollar alguna forma diferente de supervivencia, ha de “inventarse alguna alternativa” generalmente basada en la alternancia error/acierto  bajo los auspicios de cierto grado de  astucia para la intentar desarrollar una innata supervivencia personal, familiar, social y de especie.  Este proceso, conforme funciona la estructura neuronal ,  inevitablemente hará que   su inteligencia útil se desarrolle mucho más  que la de aquellos individuos nacidos bajo los mejores auspicios y cómodamente aposentados en su   ZONA DE CONFORT

Lo expuesto hasta el momento sobre EL ASPECTO LUNAR se trata de los instintos más primitivos según se exponían y novelaban en la antigüedad para culturas con menor grado de conocimiento técnico y tecnológico, pero igualmente emocionales.  Mientras los instintos básicos en este precioso planeta azul se sigan basando en la preponderancia de la FUERZA FÍSICA no quedará más remedio que intentar desarrollar su contrapartida, la inteligencia, para no ser arrollado por tanta primariedad.

Un simple ejemplo de la naturaleza: Las hienas  forman un colectivo claramente matriarcal por el simple hecho de tener mayor tamaño que los machos de su especie y han llegado a un punto en que, seguramente por imitación instintiva a través de los siglos, su clítoris aparece a modo de colgajo a semejanza del pene masculino.   Por supuesto  en el mundo animal encontramos mucha diversidad contradictoria como puedan ser las  mantis religiosas o los caballitos de mar  y demás curiosas especies que contravienen la regla general pero la hiena se trata de un mamífero que comparte sangre caliente con  primates de diversas especies.

De todo lo expuesto  solo me queda deducir que quienes espoleados por  los motivos expuestos  y muchísimos más que mi ignorancia se habrá dejado en el tintero, en la lucha por la consciencia, primitivamente atribuida a LOS ASPECTOS  SOLARES, los colectivos* más desfavorecidos serán los primeros en desarrollar estos últimos.
Me refiero a * “colectivos” porque en ciertas cuestiones como las que me ando ocupando en las últimas entradas el concepto de lo individual no ocupa espacio, mal que nos pese a “los indivíduos”.  En un futuro procuraré ocuparme del sentido SOLAR , es decir, del más heroico viaje de nuestra especie, pero para ello de nuevo he de retrotraerme de al aspecto LUNAR por la sencilla razón que en nuestro inconsciente colectivo  lo LUNAR PUEDE SER LEÍDO COMO UN GRAN LIBRO DE HISTORIA (la historia mitocondrial) e indefectiblemente se asocia a la mujer así como lo SOLAR a hombre, vaya por delante el siguiente párrafo, parcialmente repetido anteriormente,  con el que abriré una próxima  entrada dedicada al SOL MÍTICO.


A menudo el hombre se encuentra tan identificado con el mundo matriarcal como su mujer, y tiene más necesidad del trato que le daría una madre que de relacionarse como individuo entre iguales.  Se trata de una actitud arquetípica asociada con la luna en su nivel más primitivo.  Intrínsecamente no es cuestión de algo bueno ni malo sino que resulta de lo más saludable y necesario tanto para los unos como para las otras porque así parece que  consiguen  enfrentarse mejor a las complejidades de la vida familiar y social, aunque aparentemente nos encontremos en un punto de inflexión al respecto.   Pero para quien posea un poco de individualidad (desarrollo solar), puede resultar muy solitario y frustrante ser el marido de una mujer matriarcal o la mujer de un hombre ídem (que los hay a puñados) porque el propio valor individual se verá continuamente socavado y demolido.   Así tendremos que para una mujer independiente y vivaz por naturaleza el papel de madre pueda resultarle difícil por razones perfectamente justificables  ya que sus hijos solo estarán satisfechos cuando se les entregue TODO.  Al fin y al cabo lo infantil e inmaduro amen de inocente e inexperto resulta tremendamente  voraz ¿pero al margen de los diversos factores influyentes en el desarrollo humano, ¿ cuál será la medida de la totalidad para cada cual?, ¿la podrá reconocer o expresar?

jueves, 16 de marzo de 2017

LUNA, MADRES Y MATRIARCADO - 2


Las canciones de los niños se encuentran repletas de magia lunar, en ellas se habla del hombre de la luna, de que está hecha de queso, de la vaca que saltó por encima de la luna,  que porta cascabeles y es alegre y  seguramente muchas más en otras culturas que desconozco .  Algunas melodías románticas se refieren a ella tal  como la archiconocida  “Blue Moon” https://youtu.be/vG16V1OAwMI de mediados del siglo pasado.  La luna nos recuerda a los enamorados tanto como a los lunáticos y ciertos relatos populares y cuentos de hadas nos cuentan como hubo personas que se convirtieron en lobos o en vampiros cuando la luna estaba llena así como de otras que se volvían locas si mientras dormían la luz de la luna llena les daba en la cara, de ahí quizás parta su asociación con la locura, el amor y la hechicería. 



El ciclo lunar, perpetuamente cambiante y sin embargo constante ha servido para cristalizar a su alrededor un conjunto de mitos muy característicos y ampliamente conocidos. Resulta muy frecuente que las deidades lunares, que son habitualmente femeninas aparezcan formando tríadas o con tres aspectos que reflejan las tres fases diferentes de la luna: la nueva, la llena y la creciente. 

 Así la luna nueva, la traicionera luna negra, se asociaba a la muerte, la gestación,  la hechicería y por tanto con la diosa griega Hécate, que presidía los nacimientos y la magia negra.  Tras su oscurecimiento aparece la luna creciente, delicada, virginal y prometedora, con su apariencia de estar preparada para dejarse fecundar por algo.  Tiene la forma de un tazón, abierto a aquello que pueda penetrarlo desde afuera, se encuentra relacionada con la diosa virgen Perséfone que fue secuestrada por  Hades.  También se dice que es el emblema de Artemis, la virgen cazadora y patrona de las bestias salvajes.  La luna llena, en contraste es redonda y jugosa, lozana y madura dispuesta a parir en cualquier momento.




  Es la luna en su máximo poder, la cúspide del ciclo lunar, y estaba asociada con Deméter, la diosa de la fertilidad, la madre de todas las cosas vivientes.  Cuando la luna comienza a menguar, adelgazando y oscureciendo hasta desaparecer nos devuelve a Hécate, la vieja bruja, y recupera una vez más el poder oculta en el mundo subterráneo, donde urde sus hechizos y va devanando el futuro desde la oscuridad.
Así interpretaban los ancestros de nuestra cultura lo que veían sobre sus cabezas: como temor, promesa y fertilidad convirtiendo dichos conceptos en figuras femeninas arquetípicas, es decir que esta tríada de deidades lunares refleja una experiencia humana tópica proyectada sobre la luna física en el firmamento.  Una dimensión importante de esta experiencia es el cuerpo, que refleja en su propio desarrollo cíclico y en su mortalidad las mismas fases de la luna.



Las deidades lunares presidían el cielo anual de la vegetación y también el ciclo humano de nacimiento y muerte como en el mito la luna rige el ámbito orgánico del cuerpo, sus fluidos y los instintos, en resumidas cuentas la biología.  Es por ello que se consideraron deidades femeninas, porque de cuerpo femenino nacemos todos (de momento y  quizás por corto espacio de tiempo) y de él recibimos el primer alimento.  El ciclo lunar recibía el nombre de LA GRAN RONDA, reflejando así su conexión con el destino y con lo que siempre retorna, en una interminable repetición.   Todo lo mortal tiene su ciclo y este es más bien de índole universal que individual ya que los individuos mueren pero la especie continúa regenerándose.
Desde el punto de vista solar, el único valor del cuerpo es simbólico  y a la conciencia solar solo le interesa lo que es eterno, no valora el nacimiento, la fecundidad, la desintegración ni la muerte. 

Se trasciende el mundo del cuerpo en la luz del día y a cambio se nos ofrece la promesa de la inmortalidad y del significado fundamental de las cuestiones.  Sin embargo si nos identificamos exclusivamente con este mundo diurno, nos desconectaremos de lo lunar, por lo menos durante un tiempo, porque la luna supone una “distracción” y forma parte del “velo de Maya” como se diría en términos hindúes.  Si vivimos y experimentamos las cosas a través de la luna la vida no será constante ni eterna porque estaremos presenciando una especie de obra de teatro en la que la persona normal y corriente, encarnada en la vida, representa el papel primordial.  Todo se encuentra en un estado de fluencia, atado a la fortuna y al tiempo. "Be water, my friend." (una triste pena que utilizaran este texto para vendernos un BMV X3, pero parece que así andan las cosas en nuestro particular pinzamiento temporal, pero esas son otras historias)
¿No resuenan todos estos conceptos donde lo solar representa lo trascendente y eternamente presente en detrimento de lo lunar  revestido de oscuro temor y “hecatombe mortal”  a cierta semilla de misoginia origen de posteriores religiones monoteistas?
Ocurre que para individuos, no importa sexo,  que se encuentran por el motivo que sea (que esas son otras historias) más armonizados con la visión a través de la lente lunar parecen apreciar en mayor medida la seguridad, la firmeza y el calor del contacto humano que cualquier búsqueda abstracta de significado (lo solar) porque sienten que la vida está tan llena de fluencia que es preciso hacerle frente día a día. Estas personas parecen estar especialmente dotadas para mantener los pies en la tierra y tratar con sus circunstancias y con los demás de una manera sensata, tranquilizadora y compasiva.   Desafortunadamente algunos se quedan atascados en dicho punto y no pueden mirar más allá de sus circunstancias personales inmediatas del mismo modo en que otros no tienen suficientemente en cuenta la naturaleza cíclica de la realidad y por tanto no se entienden demasiado bien con la vida cotidiana, porque son adictos a la eternidad y se han olvidado de cómo confiar en los instintos y cómo trabajar de forma inteligente con el tiempo.

En la Edad Media la luna estuvo asociada con la diosa Fortuna, que el tarot se ha encargado de popularizar como Rueda de la Fortuna. De la misma manera los versos iniciales de Carmina Burana de Carl Orff (https://youtu.be/N4z2Ey4PYT4 ) comienzan del siguiente modo:

¡Oh Fortuna, cambiante como la Luna!
Siempre creces o menguas.
La odiosa vida en un momento es dura
Y al momento siguiente favorece al tahúr.
La pobreza, el poder,
Todo se funde como el hielo.

Hubo una época en que éramos ingenuos, inocentes y abiertos, antes de que viniera a entrometerse la experiencia, como lo hiciera la Serpiente en el Eden para modelar nuestras percepciones y nuestros valores.  De manera que no existe lugar donde podamos permanecer  para siempre, porque un día ese sitio se nos habrá quedado pequeño y pretenderá aniquilarnos lo cual nos obligará a enfrentarnos al oscuro rostro de la luna antes de que puedan emerger nuevas potencialidades.  Si uno se identifica con el paisaje lunar, la muerte será el término inevitable del ciclo sin embargo bajo de la luz de la luna sabemos con certeza que todo en la vida sigue la Gran Ronda. 
Las relaciones tienen sus ciclos así como la creatividad, esto último lo puede confirmar cualquier artista.  La vida de familia tiene sus ciclos, así como los asuntos familiares y la historia.  Todo vuelve a repetirse y no existe nada nuevo bajo el sol porque la luna ya lo ha hecho todo antes.   Resulta interesante  considerar las dimensiones positivas y negativas de dicha experiencia cíclica de la vida porque en realidad se trata de un estado psicológico del ser. En un sentido mítico, la conciencia matriarcal se relaciona con los ciclos naturales dando mayor prioridad a la armonía con la Gran Ronda que a una voluntad o espíritu humano capaz de trascenderla, que de ello se encargará el Sol.



EN TÉRMINOS TÓPICOS: Se podría idealizar  la facilidad de la conciencia matriarcal  como contrapeso del poder destructivo de un exceso de racionalismo y de voluntad.  En este dominio matriarcal no hay ética ni principios, ni tampoco ningún uso disciplinado de la voluntad, todo se justifica a través de la necesidad instintiva y la preservación de la especie. 

 A muchas mujeres les irrita sentir que los hombres proyectan en ellas las características lunares más oscuras: la tendencia a la manipulación y la traición, los estados anímicos variables y la voracidad emocional.  Muchos hombres se quejan de lo difícil que les resulta mantener una discusión objetiva con ellas porque la racionalidad y la cooperación se evaporan cuando hay que enfrentarse con sentimientos personales. TODO ESTO LLEVADO AL PLANO PERSONAL SE TRATARÍA DE UNA CONCIENCIA LUNAR EXTREMA, una especie de desequilibrio instintivo habida cuenta que nos desenvolvemos bajo la presencia tanto de sol como de luna.

De igual modo no resulta difícil  comprobar lo que sucede si nos negamos a relacionarnos con la luna porque podríamos perder el sentimiento de la conexión con el cuerpo y la necesidad de cuidarlo, lo cual en un contexto global significa una desconexión y un descuido de la naturaleza y la tierra.  Lo que nos recuerda que somos mortales es precisamente nuestro cuerpo a través no solo del placer y del deleite sino a través del dolor, la enfermedad y el envejecimiento. Quizá nuestro cuerpo forme parte de un organismo interconectado y simplemente se limite a funcionar en mayor medida de la que somos conscientes en armonía con los cambios climáticos. Así ocurre que si no podemos dormir nos sentimos bastante mal, pero si nos sentimos mal no podemos dormir.  Resulta algo muy circular.  El cuerpo es el dominio de la luna, lo que nos mantiene en contacto con la vida en cada momento. Sin una expresión suficientemente lunar no sólo el cuerpo se resiente sino también nuestra capacidad de experimentar la vida en el presente.  Semejante incapacidad nos produce la horrible sensación de que la vida ha pasado por nuestro lado sin que realmente supiéramos que la estábamos viviendo, sin sentimiento de continuidad ni la sensación de tener un pasado fructífero.



Tanto Gea como Demeter son antiquísimas diosas de la tierra, pero Gea representa el principio femenino original con quien se apareó Urano, dios del cielo, para así crear el cosmos manifiesto. Demeter es una versión más tardía y humanizada de la misma figura.  La diosa de la tierra, o la tierra madre, es en realidad una imagen del principio de animación de la naturaleza, de la fuerza vital inteligente y determinada que late en el seno del universo material y se la ha asociado desde tiempos remotísimos con la luna.     La madre tierra resulta, por tanto, un retrato mítico de nuestra experiencia de la vida corporal que se encuentra más allá de nuestro control y, por tanto nos parece numinosa o divina.  Como el cuerpo se autogobierna pues no tenemos que preocuparnos por respirar, ni cuidarnos de que nos lata el corazón, ni pensar en digerir la  comida, a la mentalidad antigua se le antojaba como algo “mágico”. Algo que lo sigue siendo aunque tengamos considerables conocimientos al respecto y sin embargo no estamos más cerca de comprender que hace seis mil años la naturaleza del principio vital que nos anima y nos hace sentir únicos. La inteligencia y complejidad del cuerpo son extraordinarios pues cuando algo va mal el cuerpo dispone de una gran sabiduría  para avisar y reequilibrarse.

Por tanto la tierra madre representa una imagen del poder de la naturaleza para mantenerse y perpetuarse a sí misma.  La triada, Demeter, Artemis y Hécate se las pinta en el mito como diosas de la concepción y el nacimiento porque representan  el principio inteligente que crea. 

                                                                         
         .........por supuesto que esta ronda continuará. Conclusiones al final.

lunes, 13 de marzo de 2017

LUNA, MADRES Y MATRIARCADO - 1

Resulta evidente que se debe conocer perfectamente el ciclo lunar.  La luna llena es muy mágica e hipnótica, y en ocasiones puede incluso parecer siniestra, como si fuera un ojo misterioso que nos vigila desde la oscuridad del cielo nocturno.¿Acaso no hemos admirado alguna vez la esbelta elegancia de una Luna creciente? En dicha fase lunar hay algo treméndamente frágil y delicado, incluso conmovedor.  El cuarto creciente jamás parece siniestro como la luna llena.  ¿Y qué decir del eclipse lunar? Resulta un fenómeno extraño y bastante sombrío, porque la luna se oscurece, poniéndose de color sangre o marrón.  Tanto en la antigüedad como en la Edad Media, esto se interpretaba como el anuncio de algún acontecimiento espantoso.


Si pudiéramos imaginar lo que habría significado observar la luna en  tiempos ancestrales, sin ningún conocimiento del universo material empezaríamos a darnos cuenta hasta qué punto siempre ha resultado ser un símbolo poderoso y el magnífico gancho que aún resulta ser para "colgarle" todas nuestras proyecciones psíquicas.
 Si uno fuera un habitante de las cavernas del neolítico, el primer hecho evidente que observaría en relación con la  Luna física sería que siempre está cambiando y sin embargo repite su ciclo de manera inmutable.  Según esto resulta una verdadera paradoja porque resulta indigna de confianza pero al mismo tiempo se puede confiar en su ciclo absolutamente.  A veces da luz, pero no la suficiente para aclarar nada y otra veces la luz se desvanece por completo y la noche resulta negra. De tal modo si uno fuera viajero nocturno de la antigüedad y por la noche confiara en la luz de la luna, pronto se toparía con dificultades debido a su inexorable disminución de la luz.  De ahí que se la considerase traicionera y que las primeras deidades lunares fueran paradójicas y de carácter ambiguo.


PERO, en la actualidad vivimos en la era de la electricidad, y no guardamos recuerdo de los tiempos en que las casas sólo estaban iluminadas por el fuego del hogar, la luz de las velas o las lámparas de aceite...y de esto último no hace tanto tiempo. En la era de la electricidad el cielo jamás se encuentra totalmente oscuro, pero NOSOTROS NO NOS DAMOS CUENTA DE ELLO.  Muchos habitantes de las ciudades jamás han visto una noche realmente negra. difícilmente tendremos la experiencia de la oscuridad absoluta de la Luna Nueva que tenían nuestros antepasados.  Cuando  existe un eclipse lunar resulta muy peculiar porque destiñe los colores de todas las cosas.  Paisajes y objetos cotidianos parecen extraños, como si fueran de otro mundo cuando hay luna llena. Ello puede resultar tan inquietante como atrayente.


 ¡Juguemos a extrapolar y ya veremos lo que nos espera en las entretelas de nuestro cerebro reptiliano! Podría resultar toda una película de terror y en absoluto me gustan. Menos mal que en gran número de circunstancias la cultura nos asiste, y mejor así, que siga, siga, que no pare de ampararnos dicha cultura mas  sin olvidar que dentro de nosotros  aún respira la bestia, el dragón encadenado en lo más profundo de  nuestra cueva osea y arteramente oculto en ilustraciones de cuentos infantiles y mitologías diversas

                                                                                            .....................continuará poquito a poco.

sábado, 11 de marzo de 2017

INVIERNO CASI PRIMAVERA

http://www.march.es/arte/madrid/exposiciones/lyonel-feininger/?l=1


Exposición en Madrid

Lyonel Feininger (1871-1956)

17 febrero  28 mayo 2017

Yachts and Yachting, 1922, an oil painting by Bauhaus Master Lyonel Feininger

 Una exposición que representa la trayectoria del artista alemán y americano, maestro de la Bauhaus y figura imprescindible del panorama artístico de las vanguardias.
Aunque Lyonel Feininger nació en Nueva York, sus padres, músicos de origen alemán, quisieron que se trasladara a Hamburgo para completar su formación musical cuando tenía tan solo dieciséis años. Ese doble origen, americano y alemán, marcó su vida y obra.
"Gelmeroda VIII", 1921. Whitney Museum of American Art, Nueva York. © Whitney Museum, N.Y.Gelmeroda VIII, 1921. Whitney Museum of American Art, Nueva York. © Whitney Museum, N.Y.
En Alemania, Feininger decidió abandonar la música para dedicarse a lo que era verdaderamente su pasión: el dibujo y la ilustración. Tras recibir clases de dibujo en la Allgemeine Gewerbeschule [la Escuela Pública de Artes y Oficios] de Hamburgo, el artista se adentró en un género entonces incipiente, del que sería uno de sus primeros creadores: el tebeo. Sus viñetas fueron publicadas rápidamente, aunque de manera puntual, en revistas americanas y alemanas. Esta actividad se consolidaría con la firma de contratos para la revista alemana Ulk (en 1895), Lustige Blätter [Páginas cómicas] al año siguiente, siguiente, y, en 1906, el Chicago Sunday Tribune: para este último, Feininger creó The Kin-der-Kids [Los niños Kin-der] y Wee Willie Winkie's World [El mundo de Willie Winkie], sus historietas más relevantes.
Tras consolidar su carrera como ilustrador, Feininger dio un paso más allá con la intención de buscar un medio de expresión que le permitiera desplegar libremente su capacidad. De forma natural y progresiva, fue dejando de lado las tiras cómicas para volcarse en la pintura. Aunque en sus primeros cuadros mantuvo todavía un vínculo con la caricatura, centrándose en escenas callejeras y personajes exagerados, entre 1906 y 1908, tras residir en París, trabajó en una línea más abstracta abandonando prácticamente la figura y adoptando un lenguaje basado en las líneas rectas y los planos fragmentados de color.
Portada de "The Chicago Sunday Tribune" con imagen satírica de Lyonel Feininger, 29 de abril de 1906. Colección Achim Moeller, Nueva YorkPortada de The Chicago Sunday Tribune con imagen satírica de Lyonel Feininger, 29 de abril de 1906. Colección Achim Moeller, Nueva York
En 1919 Walter Gropius lo invitó a formar parte de la Bauhaus para que dirigiera el taller de grabado, en el que Feininger impartió clases hasta su clausura por los nazis en 1932. Esta experiencia le hizo desarrollar en profundidad la xilografía, técnica que le permitió ahondar en sus lienzos en el juego de los distintos planos. Con la llegada del nazismo, su arte fue tachado de "degenerado". En 1937, decidió regresar de nuevo a Estados Unidos, donde viviría hasta su muerte.
En 1919 Walter Gropius lo invitó a formar parte de la Bauhaus para que dirigiera el taller de grabado. [...] Con la llegada del nazismo, su arte fue tachado de "degenerado"
Dentro de la línea expositiva en la que la Fundación Juan March lleva años trabajando para presentar figuras, épocas o aspectos insuficientemente explorados de la cultura moderna, la exposición Lyonel Feininger (1871-1956) es una suerte de "retrospectiva concentrada" de la obra del artista. La muestra reúne cerca de cuatrocientas obras procedentes de diversas colecciones públicas y privadas de Europa y Estados Unidos, a través de las cuales se plantea un recorrido por su obra articulado en torno a las diferentes técnicas en las que el artista trabajó (dibujo, obra gráfica, pintura, fotografía y construcción de juguetes) y a los principales temas de su producción: la caricatura y los dibujos satíricos; los lugares emblemáticos que le inspiraron como París, Deep, Halle, Gelmeroda o Manhattan; su fijación por los puentes, las torres, los paisajes marinos y la vida urbana.

La exposición se acompaña de un catálogo, que constituye la primera monografía sobre Feininger en español, con ensayos y textos de algunos de los más reputados especialistas en su obra como Wolfgang Büche, Ulrich Luckhardt, Maurizio Scudiero, Heinz Widauer, Peter Selz, Achim Moeller, Danilo Curti-Feininger, Martin Faass o Sebastian Ehlert. Además, se publica como edición complementaria La ciudad en los confines del mundo, volumen sobre el artista publicado en 1965 en inglés y alemán, con textos del también pintor T. Lux Feininger y fotografías de Andreas Feininger, dos de sus tres hijos.

martes, 7 de marzo de 2017

SALCHICHA DE PECHUGA





https://youtu.be/5COrtLAo0Cc .....Absolutamente penoso



Vivir en  dicho  nivel de conciencia: miseria asegurada. Aunque a nadie parezca importarle.
Dancemos malditos danzademos.









domingo, 5 de marzo de 2017

SOBRE EINSTEIN - PUBLICADO HACE DOCE AÑOS.

Einstein 1905: todo cambió.
El año genial de un genio: 1905. El 'annus mirabilis'. Albert Einstein formuló su teoría de la relatividad especial, alumbró su célebre ecuación E = me2 y aclaró los fundamentos de la mecánica cuántica, de rabiosa actualidad 100 años después. Sin ellas no habría llegado ni la televisión, ni el láser, ni Internet. 



Albert Einstein creía en el valor de los experimentos mentales. Hagamos uno. Retrasemos el reloj un siglo e imaginemos que, en 1905, Einstein hubiera sido un em­pleado modélico de la oficina de patentes de Berna, concentrado en el examen mi­nucioso de las solicitudes, inmune a la dis­tracción. Y ahora echemos un vistazo al salón de nuestra casa. ¿Ponemos el tele­diario? No podemos, porque la tele ha desapare cido. Para convertir la electricidad en imagenes hay que entender el efecto fotoeléctirco, y eso no es posible sin una de las teorías revolucionarias que Einstein desarrolló en 1905 robándole tiempo al trabajo en la oficina.  Habrá que buscar otro modo de informarse, quizá un periódico.  Pero las rápidas técnicas de fotocomposión que se usan para editar los libros y los diarios tambien se basan en esa tería, luego el periódico no habra llegado a tiempo y libro será demasiado caro.  Probemos con Internet.  Pero ¿donde  demonios está  el ordenador ¿  No existe.  Las tripas de los ordenadores y las calculadoras se basan en una física del estado sólido que nadie ha podido desarrollar sin las contribuciones esenciales que Einstein hizo en 1905 a las mecánicas cuántica y estadística.  Tampoco se ha podido desarrollar el laser, y  por tanto no hay discos compactos ni códigos de barras.  Nos queda la radio.  En concreto una de esas radios del tamaño de un aparador, porque en nuestro mundo imaginario nadie ha podido inventar el transistor. 


Su actitud evasiva fue la misma con los filósofos positivistas, que veían la relatividad como la demostración definitiva de sus tesis; con los antrop´plogosa física del estado sólido que nadie ha podido desarrollar sin las contribuciones esenciales que Einstein hizo en 1905 a las mecánicas cuántica y estadística. Tampo­co se ha podido inventar el láser, y, por tan­to, no hay discos compactos ni códigos de barras. Nos queda la radio. En concreto, una de esas radios del tamaño de un apa­rador, porque en nuestro mundo imagina­rio nadie ha podido inventar el transistor.   Aquel fue el annus mirabilis de Albert Einstein, el momento milagroso  en que un empleado de patentes de 26 años cambió para siempre la física y el mundo.   El joven genio tardaría aún tres lustros en hacerse famoso entre el gran público.  Eso llegó en 1919, cuando la prestigiosa academia de ciencias británica, la Royal Society, anunció la confirmación experimental de una de sus asombrosas teorías.  Pero Einstein, aclamado a partir de entonces como la mayor inteligencia creativa del mundo, nunca llegó a comprender la razón de su popularidad.   El Historiador Gerald Holton, de  la Universidad de Harvard, desempolvó hace unos años la siguiente anécdota. Cuando Einstein vi­sitó por primera vez el Reino Unido, en 1921, el entonces arzobispo de Canterbury, Randall Davidson, removió Roma con San­tiago para acercarse a él y preguntarle qué implicaciones tendría para la religión su teoría de la relatividad. "Ninguna", res­pondió el físico de inmediato. "La relativi­dad es una cuestión puramente científica  y no tiene nada que ver con la religión.
 
Su actitud evasiva fue la misma con los filósofos positivistas, que veían la relatividad como la demostración definitiva de sus tesis, con los antropólogos, que le reclamaban como aval del relativismo cultural, e incluso con los cientificos , que le ensalzaban como el lider de la mas porfunda revolución que las ciencias físicas habian experimentado desde Copérnico.  Einstein ni siquiera se vio capaz de presentarse al concurso de la revista Scientific American para explicar de forma comprensible la teoría de la relatividad.  Las implicaciones culturales de su ciencia le dejaban frio, y su popularidad entre el público sólo pareció interesarle cómo fenómeno “psicopatológico “, por utilizar su propio adjetivo.   De haber llegado a escucharla, sin duda habrá desaprobado la impresionante frase pronunciada hace unas cuantas décadas por Sara Montiel: “Cómo dijo Einstein, todo es relativo”. Einstein nunca dijo nada semejante.

Muchos de los equívocos sobre la teoría de la relatividad, incluido el de Sara, se deben a su nombre precisamente.  Porque esa célebre teoría no introduce elementos de relatividad en la física, sino que los elimina.  Veamos por qué.

 Al igual que Newton, su predecesor en el cargo de creador de mundos, Einstein siempre estuvo fascinado por la naturaleza de la luz. 

En 1896, cuando tenía 17 años, concibió el primero de sus famosos experimentos mentales sobre este problema.     La luz, decía la física de su tiempo, era una onda que se propagaba a  una velocidad fija. Pero entonces, ¿qué ocurriría si una persona corriera tan de­prisa que lograra alcanzar esa onda de luz? La persona, se respondió el joven Einstein, vería una onda de luz que está quieta, como parece estar quieto un tren que se mueve en paralelo al nuestro. Pero la forma en que se propaga la luz, y, por tanto, su velocidad, es un componente es­tructural básico de la realidad, una ley fundamental de nuestro universo. ¿Cómo se traga entonces que una onda de luz pue­da estar quieta?
Las leyes de la física, tal y como ha­bía mostrado Galileo, son las mismas vis­tas desde tierra firme, desde un barco o desde cualquier otro marco de referencia que se mueva a una velocidad constante. Si la velocidad de la luz es una propiedad fundamental de la naturaleza, debería se­guir pareciendo la misma aunque el ob­servador se moviera tan rápido como ella. Bien, esto era una paradoja. Y las para­dojas suelen señalar el camino hacia los grandes saltos conceptuales. Cuando dos hechos ciertos no encajan a la vez en nues­tro esquema del mundo es preciso susti­tuir el esquema por uno más amplio que sea capaz de acogerlos sin contradicciones. El mejor cerebro del planeta (sin saber aún que lo era) se había puesto en marcha. La idea clave sobre la relatividad -es decir, sobre la paradoja de la luz detenida-le sobrevino a Einstein durante una con­versación casual con su colega de la ofici­na de patentes Michele Besso. La velocidad de un objeto es la distancia que ha re­corrido dividida por el tiempo que ha tardado en recorrerla. Supongamos que el objeto es un cohete que va a la Luna. Para medir el tiempo que tarda ponemos el cro­nómetro cuando el cohete despega y lo pa­ramos cuando aluniza. Pero ¿cuándo alu­niza? No lo sabemos. Lo único que sabe­mos es cuándo fe vemos alunizar desde la Tierra, y para eso la luz del cohete tiene que viajar de vuelta a nuestro planeta. Si en vez de quedarnos en la Tierra nos mon­táramos en el cohete con nuestro cronó­metro, mediríamos un tiempo diferente.
 Faltaba aún mucho trabajo matemáti­co por hacer, pero fue este destello repen­tino el que resolvió la paradoja que le había atrapado nueve años antes. La velo­cidad de la luz, como buena ley funda­mental, es siempre la misma. Si el obser­vador corre tanto que se pone a su nivel, no la ve detenerse, sino moverse a la misma velocidad de siempre. Y la razón, por increíble que parezca, es que para ese ob­servador lo que se ha detenido no es la luz, sino el tiempo. La luz recorre muy poca distancia respecto a él, pero el tiempo ape­nas pasa: una distancia muy pequeña di­vidida por un tiempo muy corto da la mis­ma velocidad de siempre, la velocidad de la luz, que es una constante fundamental.

La expresión matemática de esta idea, desarrollada por Einstein durante las seis semanas siguientes, es de una complejidad frustrante para los profanos; pero la idea en sí misma, como hemos visto, es una in­tuición repentina sobre la verdadera na­turaleza del tiempo. De hecho, el historia­dor John Stachel, de la Universidad de Boston, ha reunido evidencias de que el principal empujón intelectual que permi­tió a Einstein cuestionar lo que a todo el mundo le había parecido siempre incues­tionable -que el tiempo pasa igual para cualquiera- no fue una lectura científica, sino filosófica: el Tratado de la naturaleza humana, de David Hume, donde el gran pensador británico sostenía que el tiempo y el espacio no debían verse como entida­des autosuficientes, sino como "la forma en que un objeto existe".

Y el propio Einstein dejó escrito: "A ve­ces me pregunto cómo pude ser yo quien desarrollara la teoría de la relatividad. Creo que la razón es que un adulto nunca se para a pensar en problemas de espacio y tiempo, cosas en las que ya pensó cuan­do era niño. Pero mi desarrollo intelectual estuvo retardado, y como resultado de ello  empecé a preguntarme sobre el espacio y el tiempo cuando ya había crecido". Tam­bién afirmó en otro momento: "Una nueva idea llega de repente y de forma intuitiva. No se llega a ella a través de conclusiones lógicas conscientes. Pero, pensando en ella después, siempre puedes descubrir las ra­zones que te han conducido inconsciente­mente a tu intuición, y encontrarás una manera lógica de justificarla. La intuición no es más que el resultado de la experien­cia intelectual previa". Como otros gran­des creadores, Einstein se asombraba de la facilidad con que hallaba sus ideas.
En cualquier caso, y para zanjar las interpretaciones de tipo Sara Montiel, hay que recordar que la teoría de la relatividad no establece que "todo es relativo", sino que nada importante lo es: las leyes físi­cas, incluida la velocidad de la luz, son las mismas en cualquier marco de referencia.


Esta teoría de 1905 se llama relatividad especial para distinguirla de la relatividad general, Una teoría de la gravitación for­mulada por Einstein 11 años después. La relatividad especial es el marco adecuado para tratar con velocidades muy altas, que son las regiones de la realidad en las que el tiempo se dilata y las ecuaciones de Newton ya no valen. Pero una de sus deriva­ciones inesperadas, también descubierta por Einstein en su annus mirabilis de 1905, fue la célebre ecuación E = me2, tal vez la única fórmula matemática que se ha ga­nado el estatus de icono del siglo XX. Sig­nifica que la masa (m) y la energía (E) son dos caras de la misma moneda, y que una ínfima cantidad de masa puede convertir­se en una gran cantidad de energía al mul­tiplicarse por el cuadrado de la velocidad de la luz (c), que es un número enorme.

Las consecuencias de esta ecuación para la historia del siglo XX son de una trascendencia indiscutible. La demostra­ción de que 100 gramos de materia pueden producir la misma energía que la combus­tión de varios millones de litros de gasoli­na no es sólo una pieza esencial de cono­cimiento. También es una fuente de inspi­ración para los amantes de la energía. Y para los amantes de las explosiones. A fi­nales de los años treinta, con el mundo ca­yendo en picado hacia el mayor conflicto armado de su historia, la élite de la física ya estaba en condiciones de convertir la ecuación de Einstein en una bomba con un poder destructivo sin precedentes. Al­gunos miembros de esa élite habían teni­do que salir pitando de la Alemania nazi y trabajaban por entonces en Estados Uni­dos. Pero otros físicos de primera línea se­guían en Alemania. Demasiado riesgo.
El 12 de julio de 1939, Leo Szilard, un brillante físico húngaro emigrado a Esta­dos Unidos, se acercó a Long Island (Nue­va York), donde Einstein estaba pasando unos días de vacaciones. Szilard le explicó los últimos avances sobre la fisión del ura­nio y las reacciones en cadena y le hizo una petición insólita: que escribiera a la reina madre de Bélgica para advertirla del peligro de que las grandes reservas de uranio del Congo Belga cayeran en manos de los nazis. Einstein aceptó y se olvidó del asunto. Pero, sólo unos días después, Szi­lard le contó su preocupación al econo­mista Alexander Sachs, un asesor del pre­sidente Franklin Roosevelt. Y el economis­ta dio el salto conceptual que no habían dado los físicos. No bastaba con evitar que el uranio cayera en manos de los nazis. Si la bomba era factible, EE UU debía cons­truirla. Y Einstein debía olvidarse de la reina madre y escribir directamente al presidente Roosevelt. Así se hizo. El efecto de la carta no fue inmediato, porque el Proyecto Manhattan, para construir la bomba, no arrancó en firme hasta dos años des­pués, con la guerra ya bien avanzada. Pero es obvio que Einstein comprendió bien las preocupaciones de Szilard, porque un pa­cifista convencido como él no hubiera fir­mado esa carta de otro modo.

Su repugnancia por el militarismo ale­mán ya se había gestado en los albores de la I Guerra Mundial, hacia 1914, cuando se mudó con su familia a Berlín para trabajar en la Academia Prusiana de las Ciencias. Con la guerra ya en marcha llegó incluso a repartir propaganda pacifista por Berlín. Su ingenuidad le hizo creer que las aven­turas militares alemanas se habían acaba­do para siempre con la firma del armisti­cio que puso fin al conflicto en 1918. Pero pronto la derecha alemana, que ya le había puesto en el punto de mira por su actitud antibelicista, terminó de odiarle cuando empezó a apoyar públicamente el movimiento sionista. En 1921 recibió el Nobel, y durante la siguiente década, mientras su fama y prestigio se agigantaban, se fue en­contrando cada vez más incómodo en su país natal. En 1933, cuando Hitler subió al poder, Einstein renunció a su ciudadanía alemana y aceptó una plaza en el Institu­to de Estudios Avanzados de Princeton (EE UU), donde seguiría el resto de su vida.
 En 1905, nadie podía comprender el llamado efecto fotoeléctrico, por el que ciertos sólidos generan una corriente eléctrica -emiten 'electrones- cuando reciben un rajo de luz. - Einstein logró explicar matemáticimente el fenómeno, pero sólo a costa de preponer que la luz no era simplemente una onda, como establecía la física de la época, sino que también estaba compuesta de partícu­las discretas, o cuantos. Así, un cuanto de luz (un fotón) con la suficiente energía po­día golpear a un átomo del material sólido y arrancarle un electrón.
 La idea de que las radiaciones como la luz podían dividirse a veces en paquetes discretos, o cuantos, ya había sido pro­puesta cinco años antes (en 1900) por uno de los físicos más influyentes de la época, el también alemán Max Planck. Pero Planck era un científico conservador -o un revolucionario reticente, como le des­criben algunos historiadores- y nunca acabó de aceptar las implicaciones más profundas de su propia idea. Einstein vio más allá. No era que la luz se organizara en cuantos, o fotones, bajo ciertas condi­ciones: es que consistía en ellos.

La contribución radical de Einstein fue esencial en la génesis y la aceptación de la física cuántica, la gran teoría actual del mundo microscópico. Y ello no sólo a pesar de Planck, sino también del propio Einstein, cuya firme creencia en un uni­verso diseñado en todo detalle -el físico dijo creer en "el Dios de Spinoza, que se revela en la armonía de todo lo que exis­te"- le hizo aborrecer la teoría cuántica que se iba imponiendo cada vez con más éxito, una física donde las certezas habían sido sustituidas por meras probabilidades. "Dios no juega a los dados", fue su famosa reacción de rechazo. El científico que ha­bía aportado varios elementos cruciales para el nacimiento de la nueva física de lo microscópico se vio incapaz de aceptar las consecuencias de su propia revolución.

¿Qué hizo Einstein en las últimas dé­cadas de su vida? El Nobel de Física Mu-rray Gell-Mann se ha quejado de que las fotos más reproducidas del gran científico -greñas blancas, piel cuarteada, lengua burlesca- pertenecen a esta etapa tardía en la que apenas hizo aportaciones rele­vantes, en lugar de retratar al joven ofici­nista de 1905 que asombró al mundo con el poder creativo de su mente. Einstein pasó sus últimos 30 años, primero en Alemania y después en EE UU, buscando una teoría unificada, un solo sistema de ecuaciones del que pudieran derivarse la gravitación y el electromagnetismo. Y es cierto que no lo consiguió. Pero muchos físicos  contemporaneos ­ ya no creen que estuviera per­diendo el tiempo, ni la cabeza. La gran unificación a la que Einstein sacrificó sus últimos 30 años ha vuelto a la agenda de la física. Uno de los principales objetivos es ahora unificar la relatividad general -una teoría de la gravitación- con la mecánica cuántica. El annus mirabilis de Einstein ha cumplido un siglo, pero su programa para entender el cosmos sigue vivo. •
Escrito en el año 2005 por Javier Sampedro.